El aguacate se ha convertido en el símbolo máximo del estilo de vida saludable y el éxito comercial mexicano en el extranjero. Estadísticamente, México produce el 30% del aguacate mundial, y Estados Unidos es su cliente número uno, importando más de 2.5 mil millones de libras al año. Históricamente, el aguacate estuvo prohibido en EE. UU. por casi 80 años (de 1914 a 1997) por temor a plagas, hasta que el TLCAN abrió las puertas a lo que hoy es una industria multimillonaria. Este impacto económico es tan grande que el precio del “guacamole” en el Super Bowl puede afectar la bolsa de valores agrícola. Lo extraordinario es que este fruto ha pasado de ser un alimento básico a un ícono de estatus. Sin embargo, su éxito ha traído desafíos de seguridad y sostenibilidad en estados como Michoacán. Para el consumidor, un servicio útil es aprender a identificar el aguacate “Hass” perfecto: la clave está en el color oscuro y que el tallo se desprenda fácilmente revelando un color verde brillante debajo. Si está café, ya se pasó. Celebrar con un buen guacamole es, literalmente, participar en uno de los intercambios comerciales más dinámicos y complejos de la historia moderna entre ambos países.
Preguntas para la reflexión:
¿Has notado cómo cambia tu presupuesto de comida cuando el precio del aguacate sube por tensiones en la frontera?
¿Qué opinas de que un producto tan mexicano sea ahora el “rey” de las fiestas en Estados Unidos?
¿Estarías dispuesto a pagar más por tu aguacate si se garantizara que es producido de manera 100% sostenible y ética?






Comments